Dejó sobre la mesa un ejemplar de Los Pasos del Cielo que venia envuelto en papel purpura con el sello de la libreria Sempere e Hijos, y lo empujó hacía mí. No hice ademán de cogerlo. Vidal se habia puesto pálido. La vehemencia del discurso y su tono defensivo se batían en retirada. Ahí viene la estocada, pensé.
-Digame de una vez lo que me tenga que decir, don Pedro. No voy a morderle.
Vidal apuró el vino de un trago.
-Hay dos cosas que quería decirte. No te van a gustar.
-Empiezo a acostumbrarme.
-Una tiene que ver con tu padre.
Sentí que aquella sonrisa envenenada se me fundía en los labios.
-He querido decirtelo durante años, pero pensé que no te iba a hacer ningún bien. Vas a creer que no te lo dije por cobardía, pero te lo juro, te lo juro por lo que quieras que...
-¿Qué?- corté.
Vidal suspiró.
-La noche en que tu padre murió...
-...que lo asesinaron-corregí con tono glacial.
-Fue un error. La muerte de tu padre fue un error.
Le miré sin comprender.
-Aquellos hombres no iban a por él. Se equivocaron.
Recordé las miradas de aquellos tres pistoleros en la niebla, el olor a pólvora y la sandre de mi padre brotando negra entre mis manos.
-A quien querían matar era a mí- digo Vidal con un hilo de voz-. Un antiguo socio de mi padre descubrió que su mujer y yo...
Cerré los ojos y escuché una risa oscura formarse en mi interior. Mi padre había muerto acribillado a tiros por un lío de faldas del gran Pedro Vidal.
-Di algo, por favor-suplicó Vidal.
Abrí los ojos.
-¿Cuál es la segunda cosa que me tenía que decir?
Nunca había visto a Vidal asustado. Le sentaba bien.
-Le he pedido a Cristina que se case conmigo.
Un largo silencio.
-Ha dicho que sí.
Vidal bajó la mirada. Uno de los camareros se aproximó con los entrantes. Las depositó sobre la mesa deseando <
El juego del Ángel.
Fragmento.
Carlos Ruiz Zafón.






